como un dulce sabor de la infancia
despertando el guarda de mí historia
primer amor, pasión y encanto.
Aquella tarde bajo aquel Árbol frondoso
en esa calle donde siempre la esperaba
impaciente anticipando su llegada
amor primero, mi tierna amada.
Aquella tarde que llovía a tempestades
la lluvia ardía como pedrada al rostro
tronaba como un gritar de monstruos
relampagueando el manto de los cielos.
Aquella tarde y como siempre, apareciste
entre el monzón, vi tu silueta inconfundible
eternas curvas, cinto azul, vestido blanco
e igual que yo, empapada hasta los huesos.
Aquella tarde sin hablar, me diste un beso
tus tiernos labios apretando sutilmente
como el majar de una pasión efervescente
carnosos labios, tenues, sugestivos y sabrosos.
Aquella tarde entre las faldas de la lluvia
coplear sonoro del tifón, cantas mí nombre
gemir de un cuerpo que gruñía que era tuya
y apretabas con pasión ahora tu hombre.
Aquella tarde y como siempre lo he soñado
entre la lluvia y la tormenta eras mía
con frenesí templando toda mi hombría
bajo aquel Árbol de pasión, amor y encanto.
De aquella tarde solo queda la memoria
del tierno amor que fue bañado por los cielos
en ese alud de pasiones, viento y fuego
ahora dulce con sabor de mis recuerdo.
Rudyard Bonilla
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